domingo, agosto 21

Ancient rithms: La Noche de los Tiempos

METAMORFOSIS

Como un león cautivo, medía a cada paso
mi angosto territorio, cercado por los muros
de los huesos de un cráneo. Mis ojos, del ocaso
hicieron mil bocetos de trazos tan impuros
que Febo, malherido por tan osado ultraje,
cayó de su montura –celeste carro de oro–,
sangrando al horizonte, si rojo meteoro.
Y se vistió la tierra de oscuro y negro traje.

Sobrevino al silencio un huérfano abandono,
un nuncio de la muerte: su vástago, Morfeo,
tundiendo mis sentidos, contrario a mi deseo,
quemando mi materia la escarcha de su encono.
Mas fuera que mi cuerpo, de carne cárcel frágil,
cayera envenenado fundiéndose con Gea,
abandoné sus fibras alzado en albacea
de aquel yerto despojo, otrora vivo y ágil.

Me torné noche oscura, opaca, negra noche;
de noche fue mi alma. Me volví viento, sólo
de viento mi materia, sutil. De viento y noche
me vestí, con estrellas y brisas. Pero solo
caballero sin dama, ¡soledad por ventura!.
Vagando en este estado de esencia libre y pura
sentí vacío el mundo: el mundo era yo todo,
presidio sin fisura, rendija ni recodo.

Ya solo fui la noche, rendido al desamparo;
ya sólo fui la noche, un vacuo hueco oscuro.
Clamé por una estrella de fuego intenso, faro
que hiriese mortalmente mi negro soma puro;
no la hallé. No hubo luz. Busqué aquel cuerpo prístino
de tierna carne cálida, aquel templo divino
durmiente, rogué ver el vaho de su aliento.
No lo hallé.
Errante, negra noche, mi voz es viento.